Embalses, una solución para el Norte

Por Maximiliano Hernández

Durante los años 2010, 2013, 2015 y 2017, los canales de televisión y la prensa mostraron los desastrosos efectos de aluviones debido al invierno altiplánico (conocido coloquialmente como “Invierno Boliviano”), con graves pérdidas humanas y materiales que son por todos recordadas, especialmente por la tragedia de Chañaral.

Nuevamente, en estos primeros meses del 2019 y a pesar de que los medios informativos han pecado de encubrimiento de la verdadera magnitud de los hechos; los sureños y capitalinos observan como las aguas del altiplano vuelven a hacer de las suyas, causando cortes de camino y servicios, preocupación y pérdidas.

Arica, Calama, Antofagasta y Copiapó, son ciudades con síntomas crónicos y repetitivos de un desastre aluvial que, desde las cúpulas en Santiago, poco y hasta nada hacen para mitigar los trágicos efectos de un hecho con antecedentes ya casi anuales, con promesas incumplidas al respecto y hasta con el descarado desvío de fondos para solucionar el tema, hacia cuentas extranjeras.

Hasta ahora los cauces de los delgados ríos permanentes y estacionales (cuya fluidez anual es inferior a 10m3 por segundo), son los hilos que han dado vida a una zona dura para el ser humano que hace soberanía en condiciones difíciles y bajo un paisaje apto sólo para almas dispuestas.

El Desierto de Atacama es la zona más seca del continente y tan inhóspito que es considerado el desierto más extremo del mundo, sobrepasando con creces al Sahara y al de Medio Oriente. Ésta castigada zona posee un imán histórico para la aventura humana, pues es rica en yacimientos metálicos y no metálicos (como el cobre, litio, salitre, hierro, etc.), que aportan más de la mitad del PIB tanto a Chile como a sus países vecinos y que limita desde Visviri hasta Vallenar, al punto de ser bautizado como “El Sueldo de Chile”.

A pesar de eso ¿por qué sigue siendo un sector ignorado y hasta olvidado por la Moneda?
Muchos culpan, y con razón, al sistema centralista y a la nula acción de los representantes distritales, intendentes y gobernadores, pues, la mayoría de ellos son nombrados desde Santiago, recayendo esas nominaciones en personas que poseen casi nula vivencia o experiencia en la zona y sólo son nombrados en pago a favores políticos o familiares.

A su vez, los representantes del gobierno de turno, manifiestan, casi populistamente su “preocupación”, pero jamás concretan dicha “preocupación” en ayuda y proyectos reales, mientras los alcaldes y, especialmente la ciudadanía, exigen una solución definitiva para aminorar los efectos de las crecidas que los amenazan desde noviembre a marzo, originados desde la cordillera de los Andes por los fenómenos estacionales y, especialmente, por el actual estado de cambio climático que afecta a todo el orbe.

La solución comprobadamente efectiva para estos estragos son los embalses, que controlan las crecidas y, de paso, mantienen una reserva de agua constante a las diversas zonas en donde serpentean esos lánguidos cursos de agua, especialmente en los ríos estacionales que sólo portan agua durante los inviernos altiplánicos y en volúmenes muy importantes.

Los embalses se construyeron desde el sur de Copiapó hasta el Alto Bío Bío (límite entre la 8va y 9na región); sin embargo, en esas zonas, en especial en Curicó, los grandes embalses provocan una pérdida de terreno considerable y afectan en forma poco favorable a la fauna y flora de la zona inundada. Cómo ventaja y a largo plazo; son la última opción ante una escasez extrema del vital líquido.

Considerando todo lo anterior, ¿por qué en el norte vemos todos los años como el agua llega al mar como si no hubiera un mañana y no existe entidades públicas o privadas que digan “tengo los recursos, tenemos el proyecto aprobado y estaremos listos para afrontar otros inviernos altiplánicos”?
Actualmente, en la Región de Arica y Parinacota, hay un proyecto aprobado y en construcción: el Embalse “Chironta”.

Hasta octubre del 2018 se había publicado un avance de un 19%, sin embargo, con estas últimas precipitaciones y crecidas no se sabe si la construcción se ha paralizado o se retrasó del todo.

Chironta, fue aprobado el 2014 bajo el primer mandato del Presidente Sebastian Piñera. El proyecto interviene las aguas de la quebrada de Azapa (Comuna de Camarones), donde irónicamente, se produjo el actual corte de carretera por desborde de aguas en la Ruta 5 Norte, generando histeria colectiva entre los turistas que dependen de los buses interurbanos para su transporte hacia Iquique.

Por otra parte; los ríos San José y Loa causan preocupación a los habitantes de sus orillas y durante muchos años esas localidades están exigiendo una solución definitiva para mitigar los estragos provocados por los recurrentes aluviones y, a su vez, asegurar una fuente de agua permanente para el invierno.

¿Los gobernadores exigirán más estudios y proyectos de embalses y represas?, ¿Las represas sólo son rentables en Aysen y no en el Norte Grande?, ¿Donde están el capital extranjero que prometió Piñera en su campaña?, ¿O todo quedará en los bolsillos de los habitantes de “Sanhattan”, como casi siempre, alimentando a ese monstruo glauco llamado Santiago?

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