La inmigración árabe a Chile (1885-1950)

A fines del siglo XIX la desestabilización del Imperio Otomano llevó a miles de árabes de fe cristiana originarios de Palestina, Siria y el Líbano a partir como inmigrantes al continente americano, estableciéndose mayoritariamente en Estados Unidos y el resto en los países latinoamericanos.

Wasfi Abud en su fábrica de medias calcetines

Wasfi Abud en su fábrica de medias calcetines

El flujo migratorio árabe a Chile no fue de gran magnitud. Se calcula que el total de árabes que llegó a asentarse al país fluctuó entre 8 mil y 10 mil personas, de los cuales alrededor de un 50 por ciento era de origen palestino, un 30 por ciento sirio y el 20 por ciento restante libanés. El itinerario de la cadena migratoria árabe se iniciaba en los puertos de Beirut, Haifa y Alejandría, pasando por Marsella o Génova hasta llegar a Buenos Aires, desde donde continuaban su viaje cruzando la cordillera a lomo de mula o en el tren trasandino.

Siguiendo una tradición generalizada de los pueblos de donde provenían, los inmigrantes árabes se dedicaron con preferencia al comercio. En un principio ejercieron el comercio itinerante, recorriendo el país cargados con mercaderías, que ofrecían en las calles, luchando por darse a entender a media lengua. A poco andar los inmigrantes dominaron el idioma del comercio y comenzaron a ubicarse definitivamente en tiendas localizadas en las calles comerciales de los pueblos y ciudades del país. El progreso económico les permitió a numerosos miembros de la colonia árabe aprovechar las oportunidades que ofrecía la industrialización, incursionando con éxito en la industria textil y, posteriormente, en la banca, la agricultura y la minería.

A pesar del progreso económico de los comerciantes e industriales de origen árabe su inserción en la sociedad chilena fue difícil. Estos debieron soportar la discriminación y rechazo de una parte de la sociedad chilena, la que se prolongó a sus hijos y, en menor medida, a sus nietos. Esta discriminación -determinada por prejuicios socioculturales, económicos y raciales- fue denominarlos despectivamente “turcos”, actitud que hería su susceptibilidad, porque los identificaba con sus opresores en su tierra madre.

Empero, en la segunda mitad del siglo XX las nuevas generaciones, mayoritariamente chilenos de origen árabe, se integraron a la sociedad chilena, especialmente por el desplazamiento de éstos hacia las profesiones liberales, la política y las expresiones artísticas y culturales. Sin embargo, también se mantuvo un apego a la cultura árabe en Chile, con el desarrollo de restaurantes de comida árabe, espacios de sociabilidad como el barrio Patronato en Santiago y los clubes árabes diseminados por las ciudades de Chile.

La descendencia estimada de la inmigración árabe en Chile es de 700.000 personas, un 4% de la población nacional.

Link: http://goo.gl/WjQVUA

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