Patagonia, en busca del respeto perdido

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Resulta decepcionante y desesperanzadora la actitud del Consejo de Ministros de esta semana, que en una decisión totalmente autoritaria, unilateral, sin pensar en la gente, totalmente fuera de norma, aprobó la termoeléctrica Punta Alcalde en la región de Atacama, a pesar de que el estudio de impacto ambiental realizado por el SEA (Servicio de Evaluación Ambiental) lo había rechazado en forma unánime. Confirma como un hecho y no más una suposición, que todas las evaluaciones ambientales que se han realizado, son solamente una teatralización de una decisión tomada desde hace tiempo por el gobierno y que las transnacionales de una manera u otra sacan adelante sus intenciones. Si no logran manipular las evaluaciones ambientales, manipulan el Consejo de Ministros y esto de verdad es muy grave.

Magallanes y Aysén son regiones parecidas en cultura y formas de hacer, hoy totalmente ensimismadas y luchando a como dé lugar, por sobrevivir ante la intervención de las grandes transnacionales, que quieren apoderarse de sus riquezas naturales y explotarlas de manera poco convencional, con formatos que están orientados para hacer las cosas lo más económicamente posible, más que pensar en hacer las cosas bien y de manera profesional. Ello es en sí mismo una tremenda falta de respeto hacia las regiones intervenidas y hacia el país, que no tiene la capacidad de generar respeto y autoridad.

Son regiones cuyos habitantes están obligados a organizarse ante la pretendida intervención. En ello están la Coordinadora Regional Anti-represas en Aysén, que agrupa a todas las organizaciones ciudadanas por un Aysén Reserva de Vida de norte a sur de Aysén, en contra del represamiento de los ríos Baker y Pascua. En Magallanes está la organización Alerta Isla Riesco, defendiendo la no destrucción de esta hermosa isla y considerada una maravilla natural. Estas dos organizaciones solo tienen como objetivo exigirle al gobierno central que se hagan bien las cosas y que cumpla con su rol de Estado, de rayar la cancha y permitir un Chile en igualdad de condiciones para todos.

Las intenciones de HidroAysén y de Mina Invierno, y en esto radica el problema de fondo de la situación, están avaladas lamentablemente por estudios de impactos ambientales muy precarios y poco profesionales, aprobados bajo la actual ley de medio ambiente, que permite que las mismas empresas interesadas presenten sus propios estudios de impacto ambiental. Lo presentado por las empresas interesadas omite las verdaderas consecuencias de las intervenciones, no solo para el medio ambiente que ya es un tema vital, sino para las propias comunidades, que dependen de la mantención del hábitat natural para salir adelante en sus proyecciones de vida.

HidroAysén tiene desde hace seis años a la región de Aysén en ascuas, intentando intervenir los ríos Baker y Pascua en la cuenca del Baker a como dé lugar. Ríos que son los más emblemáticos de Aysén. Los quiere HidroAysén para generar electricidad y vendérsela a la gran minería del norte del país a 2.700 km de distancia. Se justifican a sí mismas estas empresas y ante el país en su intención, con el falso discurso de que son una necesidad nacional para el desarrollo, cuando en verdad solo es un gran negocio a costillas de las regiones.

Por el lado de Isla Riesco, tenemos a los grandes empresarios Angelini, Von Appen, asociados en la transnacional COPEC, ejecutando el proyecto de Mina Invierno. Pretenden sacar carbón de baja ley, con procedimientos obsoletos, sin reunir las condiciones medio ambientales para hacerlo, con el objetivo de surtir a las termoeléctricas en funcionamiento.

HidroAysén y Isla Riesco son proyectos tremendamente destructivos para el medio ambiente y sus respectivas comunidades. Serán, en caso de concretarse, desarrollados con tecnologías del pasado en el mundo del futuro. Significan un retroceso en materia energética, en un país que debería mirar el futuro y no el pasado.

Las dos obras serán emplazadas en territorios de excepción. No solo destruirán la flora y fauna del lugar. También destruirán de todo el formato cultural, social y económico del hacer de las comunidades intervenidas. Los dos proyectos son de carácter privado, aunque los grupos interesados tienden a confundir intencionalmente a la opinión pública con el discurso, dando a entender que los proyectos son patrocinados por el Estado de Chile. El Estado no tiene nada que ver y las intenciones responden a grandes negocios privados, más que a soluciones estratégicas de verdad y a generar un desarrollo sustentable y adecuado para todos los chilenos.

El carbón de Isla Riesco es de un tipo sub-bituminoso tipo B y C, de pésima calidad, de poco poder calórico en comparación con los carbones que se deben usar hoy en día para alimentar las restantes plantas termoeléctricas del norte. Es un carbón menos eficiente, con altos niveles de mercurio, que no están dentro de los rangos permitidos para la salud humana según la legislación chilena y de la OCDE del cual Chile es miembro. Muchos estudios han manifestado que causarán innumerables malformaciones congénitas y a pesar de ello y todo lo demás, el consejo de ministros no vio motivos aparentes para parar el proyecto a principios a finales del 2011. Generando dudas al igual que hoy con la aprobación de Punta Alcalde por el consejo de ministros, de cuáles son los verdaderos intereses del gobierno. Si son sus habitantes, o simplemente hacer negocios con las transnacionales.

Link: http://goo.gl/3Bga6H

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